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Situada al oeste de la isla de Ibiza, la Villa de Sant
Antoni de Portmany debe su nombre, por un lado, al patrón
de los animales y por el otro, a su gran y preciosa bahía.
En efecto, Portmany deriva del topónimo latino PORTUS
MAGNUS, o lo que es lo mismo: Puerto Magno. Se trata de
uno de sus mayores reclamos paisajísticos, el que
la ha hecho famosa y la ha convertido en uno de los destinos
turísticos más importantes del mediterráneo.
Lejos queda ya aquel pueblo de pescadores, de casas blancas,
bajas y salpicadas por el mar. Lo que antaño fue
una sociedad basada en una economía de subsistencia
es hoy una colectividad de culturas en las que pervive lo
bueno y mejor de aquella Ibiza pasada: vive y deja vivir.
Sant Antoni amanece y anochece, pues, llena de interesantes
propuestas para el viajero y el residente. Ir de comprar,
acudir a sus resturantes, visitar los enclaves de su patrimonio,
hacer excursiones por mar o tierra a sus bellisimas calas
o simplemente pasear por sus calles o descansar en sus terrazas,
puede convertirse en una experiencia de primer orden.
Solamente hay que tener ganas: la luz, el mar, y la gente
harán el resto.
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